Mie 21 Feb 2007
Anna Nicole Smith, esa Marilyn hormonada, traspasó a principios de este mes y los periódicos siguen debatiendo sobre el propietario del espermatozoide que recorrió triunfante el camino hacia su útero, mas que nada porque le espera el premio gordo de la herencia que la Playmate legó a su hijo, muerto hace sólo cinco meses. Herencia por otra parte ganada a pulso, aunque tembloroso, de un nonagenario al que Anna dejó seco con una sonrisa en los labios. Pobre Annita. Pienso en los embalsamadores sudando la gota gorda para rellenar de algodón su neumático y maltratado cuerpo que será expuesto para gloria de mitómanos y obsesos. Santa Wikipedia asegura que Anna murió por asfixia derivada del consumo de fármacos, emparentando aun mas con su admirada Marilyn y también con Bon Scott o Hendrix, otros notables que también se ahogaron en su propio vómito. Aunque cuando pienso en muerte y vómito es inevitable que acuda la imagen de Lupe Vélez, la estrella mexicana que preparó al milímetro la puesta en escena de su suicidio, entre tules y pétalos de rosa y acabó resbalando con su propia bilis y reventándose la cabeza contra la taza del water. Jamás mezclen barbitúricos con la enchilada, amigos.

