Anna Nicole Smith, esa Marilyn hormonada, traspasó a principios de este mes y los periódicos siguen debatiendo sobre el propietario del espermatozoide que recorrió triunfante el camino hacia su útero, mas que nada porque le espera el premio gordo de la herencia que la Playmate legó a su hijo, muerto hace sólo cinco meses. Herencia por otra parte ganada a pulso, aunque tembloroso, de un nonagenario al que Anna dejó seco con una sonrisa en los labios. Pobre Annita. Pienso en los embalsamadores sudando la gota gorda para rellenar de algodón su neumático y maltratado cuerpo que será expuesto para gloria de mitómanos y obsesos. Santa Wikipedia asegura que Anna murió por asfixia derivada del consumo de fármacos, emparentando aun mas con su admirada Marilyn y también con Bon Scott o Hendrix, otros notables que también se ahogaron en su propio vómito. Aunque cuando pienso en muerte y vómito es inevitable que acuda la imagen de Lupe Vélez, la estrella mexicana que preparó al milímetro la puesta en escena de su suicidio, entre tules y pétalos de rosa y acabó resbalando con su propia bilis y reventándose la cabeza contra la taza del water. Jamás mezclen barbitúricos con la enchilada, amigos.

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Leo con de sorpresa y no sin cierto grado de deleite un extracto de la carta póstuma con que Madeleine Zeffa, alemana afincada en Alicante, tuvo a bien despedirse del planeta Tierra antes de zamparse un helado con barbitúricos que la catapultó mansamente hasta el otro lado. Ni me recreo, ni paso por alto detalles sórdidos del asunto como que la suicidada teutona decidiese cambiarse a última hora el pijama de raso por otro cómodo y viejo. Hombre, peor hubiera sido irse al otro barrio en bata, –mil años arda en los infiernos el que inventó la estética doméstica– pero el gesto ya deja a las claras que estamos ante una mujer sin ningún misterio, tesis refrendada al afirmarse lectora de Vazquez Figueroa. No es suficiente para añadir algo de glamour con el detalle del helado –¡que se lo comió en un Tupper y ni siquiera era su postre favorito!– ni los denodados esfuerzos de la periodista Alfageme, –que ha olido la historia como los tiburones la sangre– y está empeñada en convertir a una alemana testaruda en un remedo de Sampedro, a ver si rascando, rascando, vendemos otro Maradentro. Suerte con la historia, pero no pienso ir a ver tampoco esta película, me dan fatiga. No esperen en adelante un escrito que enjuicie las virtudes u oprobios de la eutanasia. Me la suda. Que cada uno haga lo que le plazca con sus despojos, si puede ser sin salpicar ni hacer demasiado ruido. Ni mucho menos dar lecciones. Tírese usted al metro o abra el gas, como se ha hecho toda la vida y métase la bioética ejemplar por el culo. (more…)


Hace unos días, por escribir las cositas que uno escribe por ahí, tuve el placer de ser insultado via sms, por medio de persona interpuesta, que tuvo la amabilidad de reenviarme los insultos. Eran estos: gilipollas, niño agresivo y mal follado. No puedo sino mostrar mi disconformidad con los dos primeros epítetos, puesto que como ustedes saben soy un tipo encantador y la niñez me queda tan lejos como la modestia. Pero para mi vergüenza debo admitir el tercero sin ambages. Estoy mal follado, o para ser exactos poco y mal follado, aunque me resisto a verlo como un insulto, sino más bien como un estado del alma. Vale, y de la bragueta también.

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Bermudez desparramó el montón de paquetes y sobres que transportaba sobre la mesa de Herminia, dijo su frase –‘aquí os dejo el cargamento’– y se perdió por el parking. Herminia empezó a distribuir la correspondencia. Envíos nacionales a un lado, internacionales al otro. Él cogió su montón sin levantarse de la silla, tenso y expectante, porque sabia lo que venia a continuación. Cuando Herminia abrió el cajón y extrajo los timbres, albaranes y demás, el se levantó delicadamente procurando quedar a su espalda, a fin de ocultar su indisimulable excitación, y se dirigió hacia el lavabo que quedaba frente a las mesas de ambos. Una vez allí dejó la puerta entreabierta, apenas una rendija del tamaño de un meñique por donde la luz se filtraba. Entonces abrió la cremallera y dejó escapar al monstruo, que se propulsó al exterior con rotundidad, mostrando sus crines negras y ensortijadas y su hocico purpúreo. Al verlo tan ufano y poderoso, no pudo reprimir un sentimiento de emoción. Hubo un tiempo en el que creyó que jamás volvería a verlo así. (more…)


El jueves pasado la jeta del que suscribe se imprimió unas 200.000 veces en una rotativa offset de Alicante y fue diseminada al albur por una gran mayoría de bares de este país, -que es tan pequeño que cuando el sol se va a dormir nunca está seguro de haberlo visto- donde cohabitó entre eructos de cerveza, tapas de callos y mondadientes, dotando a un servidor de su parte alícuota del warholiano cuarto de hora de fama a que todo bicho viviente tiene derecho antes de fenecer. Todo un hito en la pequeña historia de este apellido humilde poco dado a salir en papeles públicos, salvo hipotecas, providencias de embargo y alguna sentencia de cárcel de la oscura época franquista. Cosas de familia. (more…)


De todas las preguntas salvajes que puede arrojarle a uno a la cara un niño de cinco años, tal vez esta sea la más desgarradora y la peor. En momentos como este uno desearía dos cosas, por este orden: a) señalarle hacia algún punto ignoto, decir “mira, un elefante” y en el momento de duda salir corriendo. y b) urdir una explicación que no tenga que atravesar un enjambre de angelitos, crucifijos y estampitas de santos. Imposible. El mío me atrapa antes de recorrer cien metros, y por otra parte, aunque la tentación de hacer apostasía de mi fervoroso ateismo es mucha, sigo resistiéndome. Son muchos años ya y no quisiera perder la antigüedad. (more…)


La primera vez que estuve dentro de una mujer, excluyendo claro está a mi santa madre, me asaltó el siguiente pensamiento: “hum, asi que era esto”. No hubo tiempo para demasiado más. Dado que las circunstancias que acompañaron al suceso fueron un tanto sórdidas, material que resolveremos algún día, no lo tengo especialmente anotado sino en el margen del recuerdo donde con trazo mucho más grueso figuran otras muchas virginidades perdidas, en otras tantas escaramuzas que me han dejado una impronta aun más notable y decisiva. (more…)


Vean y difundan, Ultraplayback tiene nuevo video.
En realidad, tiene dos.
Si, es mi hermano. ¿Pasa algo?.


A finales del ochenta y tantos acudí a la universidad con la esperanza de convertirme en un tipo de provecho o por lo menos hartarme de follar y descubrí con horror que aquella mole de cemento gris no se parecía una mierda a aquello que veíamos en las películas yankees. ¿Donde coño estaban los Gamma-Delta, las animadoras, las drogas y el rock n’roll? Su lugar lo ocupaban un manojo de tipos aburridos que lo mas emocionante que organizaban era un partidillo de futbol-sala cada quince días. Ellas eran las típicas calientapollas que me habían perseguido desde el instituto, a las que debías prometer matrimonio para que se dejaran pellizcar el culo. Y con lo único que se traficaba era con apuntes. Enseguida comprendí que nada eso conseguiría desasnarme ni mucho menos dar un vuelco a mi pajillerísima vida sexual.
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Hay días malos y peores, se decía mentalmente mientras hacia surcos en el polvo con la escoba desdentada, y se decidía si este era de los primeros o de los segundos. Que más daba. El polvo se resistía a la caricia de la escoba. Había demasiado. Entraba por todas partes. En el campo ya se sabe, pero mira que le había dicho mil veces que la casa no estaba bien aislada. Para colmo, en un recodo de la pieza sorprendió al otro lado del espejo a una insolente caricatura despeinada y ojerosa de si misma. Se atusó el pelo sin soltar la escoba y tiró del borde del delantal estampado de manchas de diversos colores y texturas, sin conseguir que el cuadro mejorara lo mas mínimo. ¿Pero que coño le había pasado? (more…)

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